Estoy plenamente convencida, que las cosas siempre pasan por algo.
Cuando era chica, me enamoré de un vestido de novia, en la vidriera del local “Inés Ricur” en Belgrano, recuerdo la tela, el color y las flores que tenía en la espalda. ¡Era un sueño!
El tiempo pasó y perdí referencia del vestido, hasta que el día en que conocí a Bruno en el casamiento de Jimena y Andrew y él mencionó, a Inés Ricur. ¡Yo no lo podía creer! No mencioné mi recuerdo, no pensaba en casarme…
A la semana nos encontramos en Las Leñas. El es carioca, aterrizó aquí por sus padres, y estudió ingeniería. Desde ese momento comenzamos a salir, nos enamoramos, y al año y medio llegó la propuesta de casamiento…
Me dieron mil contactos, pero pedí un turno con Inés, recordando el vestido.
Yo no tenía idea de lo que quería, Inés supo interpretarme, y tuve el vestido que sentí para mí. Y me tiraron al aire, y bailé con capas de gasa que se movían conmigo, y la espalda cruzada que era espectacular además del tul corto, estuvieron impecables en toda la noche.
Y fue igual con mamá, y la mamá, y la hermana de Bruno. Cada en su estilo, disfrutaron conmigo, unidas al sello “Ricur”.
¡Gracias por la paciencia, y por acompañarnos ese día!